No voy a hacer crónica porque creo que tanto slowPepe como José Luis (que por cierto, después del maratón se ha animado con el blog y espero que siga) han clavado las suyas. Sólo aprovecharé para pespuntar algunos recuerdos e impresiones.
Me encantó perder la virginidad Maratoniana, y he de reconocer que Pepe, que era el experto, (y José Luis, que también se portó como un caballero en tan complicado menester) me ayudaron a perderla con todo el cariño del mundo, pero ¡Uffff! Lo recordaré toda mi vida con cariño, pero también lo mucho que me dolió. Los últimos kilómetros fueron terribles; al próximo (la próxima vez) que la habrá, lo haré por amor. Al entrenamiento y a mi salud, claro.
Y con alguien a quien quiera tanto como a Pepe, claro. La verdad es que solo no habría acabado ni de coña; habría ido más despacio de lo que debería al principio y no sólo no habría guardado fuerzas, sino que los últimos 15 kilómetros se me habrían hecho interminables. Si no me hubiera quedado en el Medio Maraton, habría abandonado al salir de la casa de Campo. pero Pepe funcionó como un tremendo motivador y sobre todo como un metrónomo. Si acabé fue en un 90% por él y en un 10% por convicción suicida.
Lo curioso es que, al margen de lo duro de los últimos kilómetros (compensado por la alegría) los efectos de la carrera no me parecieron tan devastadores como pensaba, sobre todo con lo mal preparado y tocado que iba. Está claro que en buenas condiciones de salud y con cierta forma todos llegvamos un maratoniano dentro; ahora el trabajo es hacerlo mejorar.
El próximo maraton no lo quiero recorrer, lo quiero correr. No mejoraré mucho de tiempo (el reto, como el de Pepe y José Luis es bajar de las cinco horas, que es el tope que dan en la mayoría para el cierre de control) y acabar con gasolina.
En esas estoy. En el próximo contaré los planes. de momento, hoy he empezado simplemente a reiniciar la máquina. Un saludo a todos.
Y mi pésame a los familiares y amigos de Najat Tijani.